Comparto un post sobre el cambio que escribí hace poco más de 1 año para el blog
Una vida sencilla.
-----------
Hace semanas que tengo pendiente este post. Se ha ido formando en
algún lugar entre el cerebro y el corazón, hace pocos días empezó a
tomar forma y hoy ha decidido nacer. Este post trata sobre el cambio.
El mismo post ha ido cambiando desde que Roberto me pidió que lo
escribiera para “Una vida sencilla”. Aquí está y aquí seguirá cambiando
con el paso del tiempo y con cada persona que lo lea.
En principio quería escribir del cambio que había experimentado a
raíz de montar mi propia empresa hace 2 años. Los primeros días me
bloqueé intentando plasmar el “gran cambio” que había supuesto para mí.
Con el tiempo entendí que no existía un “gran cambio”, sino miles de
microcambios que me han ido modelando hasta convertirme en lo que soy
ahora. Por eso no puedo hablar de los grandes cambios de mi vida, sino
de cómo entiendo e intento aprovechar postivamente cada microcambio.
Heráclito decía que el cambio es el fundamento de todas las cosas,
estoy de acuerdo. El cambio es algo esencial y constante, por eso nos
es tan difícil determinar el momento exacto en el que algo cambia.
Cuando echamos la vista atrás decimos “¡Cómo hemos cambiado!”, pero no
sabemos determinar cuándo ni cómo lo hicimos.
El simple paso del tiempo, el día a día, el segundo a segundo, nos
cambia. No tiene por qué pasar nada para que cambiemos, estamos en
constante evolución y nuestro bienestar depende de cómo afrontamos esa
realidad. Si nos comportamos como una pared que intenta frenar una
corriente de agua, acabamos sufriendo. Si nos comportamos como si
fuéramos agua, fluimos y tiramos las paredes que intentan frenarnos.
Fluir como el agua representa que afloren nuestras propias
contradicciones. Lo que ayer creíamos resulta que hoy ya no es
exactamente así. Esto no sólo genera incertidumbre sobre el mañana,
sino que nos enfrenta a la imagen que tenemos de nosotros mismos. No
somos agua hasta que no aceptamos que la dialéctica es el motor del
cambio y aprendemos a utilizarla para mejorar.
Tenemos que aprender a conversar de manera constante e inagotable
con nosotros mismos para crecer como personas. Tenemos que aprender a
aceptar nuestras contradicciones e incoherencias. Tenemos que asumir
que no podemos controlar la fuerza de la corriente de la vida, pero sí
podemos decidir si somos agua o pared, si complicamos o simplificamos,
si amamos u odiamos…
Fluir nos permite orientar el crecimiento de nuestro ser hacia donde
queramos. De aquí que sea fundamental tener horizontes (o utopías) que
participen en la dialéctica y nos ayuden a guiar los microcambios. En
mi caso, y a modo de ejemplo, siempre camino hacia un horizonte que nos
enseñó Gandhi hace tiempo: “Sé el cambio que quieras ver en el mundo”.
Bajo esa luz, no tengo dudas de hacia dónde orientar cada segundo de
mi vida.
Nosotros no decidimos si cambiamos, pero sí decidimos qué hacer con
el cambio: negarlo o fluir, dialogar con nosotros mismos o hacer oídos
sordos, tomar decisiones o esperar… En definitiva, nosotros decidimos
hacia dónde conducimos nuestra vida, sin excepciones. Be water, my
friend.